A cada poco voy a mi habitación sólo para verlo. Desde hace dos días tengo un ramo de mimosas que me hace feliz. Al principio iba y hundía la nariz en las flores para olerlas. Ahora ni falta que hace: toda la casa huele a mimosas.
Hay un hombre que todos los años, ese mismo día, me compra flores. Sabe que no hace falta mucho más para ponerme contenta: MI PADRE.
Tíos del mundo: a ver si aprendemos.
Que no pedimos tanto, creo yo.
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